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ENCUENTROS SOBRE EL TERRENO. Atención al paciente anciano
Educar a niños para evitar ancianos dependientes

CORREO FARMACÉUTICO viene pulsando la opinión de los farmacéuticos de base en espacios como el Sobre el terreno, que cada semana acompaña a uno de los asuntos informativos más relevantes del periódico.

R. García del Río 25/02/2008

Ahora, como extensión de éste y en colaboración con el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, inicia una serie de encuentros en los que farmacéuticos que trabajan a diario al pie del cañón analizarán en profundidad grandes asuntos que afectan a la Farmacia española y ofrecerán su visión y propuestas sobre los retos que deben afrontarse en busca de una mejora continua del sector.

Mejorar la calidad de vida y la asistencia sanitaria de los pacientes ancianos desde la oficina de farmacia pasa por la atención farmacéutica (AF), pero el gran reto está en educar desde la infancia para que, aunque en 2050 en España resida la población más envejecida del mundo -según las previsiones de la Organización Mundial de la salud (OMS)- no sea una población dependiente.

Éstas son las principales conclusiones sacadas por los participantes en el último Encuentro sobre el terreno, que organiza CORREO FARMACÉUTICO en colaboración con el Consejo General de COF. Isabel Casas, farmacéutica de Madrid; María Jesús Navarro, de Aldaya (Valencia), y Juan Antonio Navarro Gómez, de Valladolid, han analizado la realidad de la atención al paciente anciano, abordando desde el reto del envejecimiento hasta el servicio a residencias geriátricas.

"Tenemos mucho que hacer con los ancianos, porque es público objetivo y no un paciente potencial. Hasta ahora ofrecemos seguimientos e indicaciones, pero no lo tenemos protocolizado ni podemos demostrar que se está haciendo", explica Casas.

El farmacéutico de Valladolid considera que, "independientemente de lo que se está haciendo con ellos ahora en las farmacias, deberíamos incorporar una formación para hábitos higiénico-sanitarios saludables, en temas dietéticos, de polimedicación, de medicación fuera de prescripción, hábitos de ejercicio físico, y, por otro lado, temas de prevención, para que precozmente nos encontremos con enfermedades crónicas que van a ser costosas para su calidad de vida, pero también para el sistema".

En los colegios
Para la farmacéutica valenciana sería conveniente abrir más líneas de actuación con las administraciones en este sentido, "pero no con las personas mayores, sino en los colegios. Se podría contratar un farmacéutico en paro para que impartiera unas clases periódicamente a los niños, desde los hábitos más simples de toma de medicación; y cada dos años, una clase de repaso en la cual se pueden ir ampliando conceptos". Casas recuerda que desde la propia oficina de farmacia se firmaban convenios con los colegios con campañas de protección solar, "y ahora eso se ha perdido".

Navarro Gómez añade que los farmacéuticos están, en primer término, destinados a dispensar y hacer seguimientos, "pero también podemos aportar el adelantarnos a posibles patologías, animar a nuestros mayores a que se hagan controles y reforzar la atención primaria para que sus campañas sean más efectivas, de manera que garanticemos en un futuro que, aunque nuestra sociedad sea de mayores, no lo sea de mayores tan dependientes".

En este sentido, los tres profesionales coinciden en que actualmente se vive una peligrosa situación de cara a la tercera edad por una doble vertiente: hay falta de información, por un lado, pero también un exceso de información sin filtro. Internet en buena medida es culpable de esta situación, pero también los prospectos.

María Jesús Navarro subraya que aunque, a priori, "un prospecto tiene que contener todo, se incluyen tantos efectos adversos, que a las personas muy susceptibles les afecta". La boticaria cree que habría que dar una información más sesgada o enseñar cómo leer un prospecto.

En los prospectos
El vallisoletano propone incluir en los prospectos "una posología bien clara, con un cuerpo de letra grande que se diferencie del resto, y especificar si el fármaco tiene una forma especial o es complejo, con dibujitos bien claros. Y, por último, un resumen de los efectos adversos".

Casas apostilla que sería recomendable que en el caso de los inhaladores y formas farmacéuticas complejas (que afectan sobre todo a crónicos y ancianos) se incluyan dibujos claros, en el cartonaje o en el prospecto, y aclara que será muy difícil convencer a la industria farmacéutica en este punto, puesto que la inclusión de toda la información en el prospecto "supone una forma de cuidarse ante una posible denuncia, sobre todo en referencia a los efectos adversos". Asimismo, lamenta que "el reglamento de legibilidad lo pase un farmacéutico y no un paciente, que es finalmente quien lo tiene que entender".

Por otro lado, los tres boticarios están a favor de desarrollar específicamente con este colectivo protocolos de atención farmacéutica, pero coinciden en que primero hay que tener claro qué es la AF y cómo hacerla. "Es necesario que se cree un protocolo homogéneo y evitar que haya diecisiete formas de hacer un seguimiento a los pacientes ancianos", pide Navarro Gómez en referencia a las autonomías.

La opinión de Casas va en la línea del vallisoletano, pero apostilla que "desde los colegios profesionales y desde el Consejo se han hecho ya muchos protocolos. Ahora quien tendría que dar un paso adelante sería la Administración, coordinando los centros de salud con las farmacias de cada área sanitaria".

Con los cuidadores
María Jesús Navarro abunda en la importancia de que haya sólo un protocolo, porque "no puedes hacer un seguimiento si al paciente cada vez que va a un sitio le cambian la forma de hacerlo. Y ése también es el problema de los cuidadores".

En este sentido, la boticaria de Madrid apunta que se debería categorizar a los pacientes mayores para poderle dar un seguimiento farmacoterapéutico más específico. "Por ejemplo dentro del mayor polimedicado hay varios tipos de pacientes, el que vive solo, con cuidadores o con su familia. Y también debe abordarse de manera distinta a los pacientes polimedicados con enfermedades psíquicas que a los que padecen patologías físicas", asevera.

Según Navarro Gómez, no sólo hay que trabajar con el paciente anciano, sino también con la persona que viene a recoger la medicación. "Hay que atender a los cuidadores -sostiene- como si fueran el paciente y buscar el modo de que entiendan por qué a veces haces preguntas que ellos piensan que no deberías hacer", afirma la farmacéutica de Aldaya, a lo que el vallisoletano responde: "Si tuviéramos una cultura sanitaria sabríamos que la farmacia es el sitio donde hay que hacer ese tipo de preguntas".

A lo largo del debate se insiste mucho en la toma de medidas por parte de las administraciones, sobre todo de la central, para unificar métodos de trabajo, como se apuntaba anteriormente. Y es que los profesionales echan de menos algo más de interés de Sanidad y las comunidades autónomas en la atención que se puede dar a los ancianos desde las oficinas de farmacia. Hasta ahora sólo Madrid y Extremadura (que siguió los pasos de la primera) han puesto en marcha un programa institucionalizado de atención al mayor polimedicado. Casas, que participa activamente en este programa, informa de que "a día de hoy se está estancando, porque el papel del farmacéutico no está claro claro y choca con el papel que se le ha dado a la enfermera". Además, asegura que falta coordinación con las gerencias de salud de la comunidad y que el farmacéutico tiene que lidiar con las constantes rotaciones de médicos, enfermeras, pacientes y cuidadores, que lo hacen más complicado. "Donde mejor está funcionando es donde los profesionales sanitarios se conocen", insiste, pero aclara que no hay que darse por vencidos porque "los resultados que se están obtieniendo son muy buenos, localizando interacciones y duplicidades de tratamientos. En cuanto haces una hoja de seguimiento aparecen los problemas".

Una apariencia similar de los genéricos evitaría confusiones en los ancianos
Existen verdaderos problemas de cumplimiento entre la población anciana española, según indican los participantes del Encuentro sobre el terreno, que se han agravado con la extensión en el mercado de los genéricos. Los tres farmacéuticos coinciden en señalar a CF los ancianos no acaban de asimilar los beneficios de los genéricos, por lo que piden al Ministerio de Sanidad que promueva una norma que obligue a que estos fármacos tengan una apariencia similar.

Isabel Casas, de Madrid, lamenta que la Ley de Garantías "es un desastre en la cuestión de la bioequivalencia" y pide a la industria que unifique colores, formas, tamaño y apariencia.

Juan Antonio Navarro Gómez, boticario de Valladolid, precisa que, sin caer en el extremo del sírvase usted mismo, los genéricos tendrían que tener, por lo menos, el mismo aspecto, porque es un verdadero lío para los ancianos.

María Jesús Navarro considera que tendrían que unificar color de pastilla, blíster, envase y unos dibujos que identificaran el contenido o la finalidad del medicamento. "En definitiva, incluir algún símbolo común, porque el paciente mayor no se acaba de creer que lo que se está tomando es lo mismo de siempre, lo que nos lleva a perder credibilidad como profesionales", destaca la valenciana, cuya posición coincide con la de sus compañeros.

El farmacéutico comunitario, el más adecuado para la atención a residencias
Un análisis exhaustivo hecho por este periódico en enero revela que un modelo mixto se está imponiendo en la atención a residencias sociosanitarias (los servicios de Farmacia de los hospitales atienden a los centros públicos y las oficinas de farmacia a los privados).

Pero para los participantes en el último Encuentro sobre el terreno, el farmacéutico de hospital no es el profesional más indicado para prestar este servicio a los centros geriátricos. Así lo pone de manifiesto la farmacéutica de Madrid, Isabel Casas, quien considera que "el paciente de residencias no tiene nada que ver con el paciente hospitalario, ya que es el mismo paciente que acude a la oficina de farmacia, pero que por razones sociales está en una residencia". Para Casas, los farmacéuticos hospitalarios no están acostumbrados a tratar con el paciente crónico del día a día o a los tratamientos de ancianos polimedicados.

En opinión de Juan Antonio Navarro Gómez, boticario de Valladolid, los colegios profesionales "tienen que pelear porque mantengamos este servicio y no perder parcelas en las que somos necesarios". Asimismo, discrepa con los descuentos, exigencia que muchas comunidades autónomas están imponiendo a los COF para mantener el servicio. "Hay mucho más que aportar que el propio descuento. Desde luego no vale sólo con dispensar las recetas, pero haciendo seguimiento, analizando datos de consumo, racionalizando el uso del medicamento o facilitando la implantación de la política de principio activo, el servicio está asegurado con calidad desde las oficinas de farmacia". "Porque al final es un paciente que tiene una receta roja como el que acude a la botica", concluye.

Tampoco la farmacéutica de Aldaya (Valencia), María Jesús Navarro, entiende la política de descuentos de algunas administraciones, aunque sí defiende la presencia permanente de un farmacéutico en estos centros sociosanitarios, "que haga seguimiento farmacoterapéutico y vigile el servicio".

Puestos específicos
Con esta posición discrepan tanto Navarro Gómez como Casas. Para el primero, establecer un puesto farmacéutico específico en residencias supone un gasto innecesario para las administraciones, "porque desde las farmacias de la zona, con un buen sistema protocolizado, se puede dar esa asistencia". Además, se seguiría ahorrando dinero, porque la gestión del personal y el stock lo pueden hacer las boticas. Igual piensa la madrileña, que prefiere optar por los botiquines y desmiente "el falso mito de que este servicio es un chollo para las boticas, porque, si bien es un ingreso, requiere un gran trabajo".

La tendencia
El modelo de suministro de medicamentos a centros sociosanitarios en España está en plena ebullición. Sólo hay que recordar casos como el de Cataluña, País Vasco, Castilla-La Mancha o Extremadura. Un análisis exhaustivo realizado por CORREO FARMACÉUTICO ha puesto de manifiesto que la oficina de farmacia sigue en la mayoría de las autonomías teniendo un gran protagonismo. También se deduce que las administraciones regionales están empezando a introducir fórmulas mixtas, donde compaginan el papel de los boticarios con servicios propios o personal de sus centros sanitarios y que, en los modelos que cuentan con las oficinas de farmacia como dispensadores de los medicamentos, se están empezando a exigir algunos requisitos que se repiten en varias comunidades como son los descuentos a los departamentos o el valor añadido de la dispensación activa y la atención farmacéutica.

Conclusiones
- El reto del envejecimiento. La educación sanitaria y farmacológica en los colegios evitará que los futuros ancianos se conviertan en pacientes crónicos, polimedicados o dependientes. Campañas de sensibilización específica para ancianos también beneficiarían hoy el uso racional del medicamento por parte de los ancianos.

- La atención farmacéutica. Es especialmente relevante en el caso de los ancianos por la importancia del seguimiento y el control de estos pacientes. Sin embargo, se precisa de un protocolo único, que homogeinice el abordaje de estos pacientes desde las boticas.

- Los genéricos. La extensión de las especialidades genéricas no ha sido buena para el correcto tratamiento de patologías en pacientes ancianos, incluso han perjudicado a la relación entre farmacéutico y paciente. No obstante, sería solucionable con una norma estatal que obligara a la industria de genéricos a elaborar medicamentos con apariencia similar.

- Servicio a residencias. El farmacéutico comunitario es el más indicado para dar el servicio a residencias sociosanitarias, porque es el mismo paciente anciano que acude a la botica. En este sentido, los profesionales no creen que los descuentos sean una buena medida para conservar el servicio, sino que la atención farmacéutica es el valor añadido que puede aportar la oficina de farmacia.



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